Un viaje por la historia de España en las pinturas del Prado de la mano de Pérez-Reverte y Ferrer-Dalmau

Entramos al Museo del Prado, un lugar donde las paredes hablan, cuentan historias. Nos acompañan el académico Arturo Pérez-Reverte, que acude desde la vecina sede de la RAE, con abrigo azul y sombrero, y el pintor Augusto Ferrer-Dalmau. Vienen a conversar sobre pintura histórica, un género abandonado durante décadas que el ‘pintor de batallas’ ha contribuido como pocos a actualizar con éxito. Tanto que la próxima semana va a presentar en Madrid una fundación en la que jóvenes artistas podrán aprender los secretos de su arte, formarán un taller en el que se producirán obras individuales y colectivas.

¿Qué significa el Prado para un narrador aficionado a la pintura histórica? «El Prado es un tesoro», dice Pérez-Reverte.

 «La pintura histórica que hay aquí de los siglos XVII y del XVIII es extraordinaria. Y nunca hubo en España un alarde del género como el que se produce en el siglo XIX que se conserva entre estas paredes. De ahí beben ahora las fuentes actuales, porque hay un regreso al Prado de los artistas históricos. El venero, la semilla está aquí y hay que venir a este museo para visitar los orígenes». Augusto Ferrer-Dalmau añade: «El Prado es para mí el lugar donde encuentro la respuesta a todas mis preguntas, la fuente de información técnica y artística sin parangón».

Todo es actual. Nuestro paseo en esta mañana fría y soleada y los mensajes que surgen de los cuadros. Pérez-Reverte dirá al llegar al Coloso, de Goya: «Se acabó la fiesta. Este cuadro es de lo que mejor resume el siglo XXI, nuestra pandemia, el cambio climático, la situación del incertidumbre o temor ante lo que pueda venir en este tiempo. Ese gigante…» Alguien comenta el meteorito de la película «Don’t look up» y nos reímos. El escritor asiente.

Reverte va comentando nombres de personajes, las escenas. Ferrer-Dalmau comenta detalles pictóricos, sombras, luces, formas… Son dos amigos frente a su gran afición: se habla de espadas, de uniformes, pero también de gestos, de episodios, de emociones y de libros donde esas historias cobran vida o ganan profundidad.

Paramos, casi instintivamente, asombrados frente al «Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga», de Antonio Gisbert. «Uno de mis cuadros favoritos», dice el escritor. «No hay fotografía que pueda reflejar esto. La pintura es necesaria. La aproximación es extraordinaria. Torrijos, sus compañeros, el muerto… La esperanza de una España mejor, libre y democrática, frustrada como siempre por las bayonetas y los pelotones de fusilamiento. Una foto no puede mostrar esto. El pintor sí puede». Y añade: «La pintura llena huecos y te permite profundizar en quién era cada uno. Lees, miras. Es una pena que por haber sido tan contaminada la pintura histórica por la política hayamos perdido el vínculo con ella. Recuperarla es imprescindible».

Contaminada

¿Contaminada? «La política en España, no sólo el franquismo, contaminó todo, incluida la pintura histórica -advierte el académico-. Los cuadros históricos han tenido mala fama, se han visto como algo casposo, rancio, obsoleto, algo del pasado que hay que arrumbar. Y eso ha producido un agujero, una orfandad, además de mala prensa, mala fama…». El pintor añade que «la carencia de imágenes es asombrosa. Hemos leído muchos textos, nos han contado la historia pero faltan las imágenes, no las tenemos. Es una gran falta que padecemos. La gente tiene necesidad de saber cómo era, verlo, imaginar los detalles, por eso se enganchan, fuera totalmente de política o de ideologías, les gusta como cuando ves una película de aventuras; si está bien, te enganchas». «Una pintura es un documento, más o menos bonito, pero está estudiado, narra una historia, da una idea de lo que podía ser aquello», remacha el pintor.

Memoria histórica de siglos

Y el académico señala: «Para mí el pintor histórico es un narrador. La potencia de este género estriba en que la gente desea que le cuenten la historia, sobre todo en tiempos como los presentes, de orfandad, en los que todo el mundo busca cuál es su memoria. Aquí está la verdadera memoria histórica, no de 80 años sino de muchos siglos, que nos han hechos ser como somos. Somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos y estos cuadros lo explican».

Para Reverte, «Augusto ha aportado con su trabajo rigor a la pintura histórica. El XIX era muy imaginativo, no existían las fuentes documentales que hay ahora, iconografía, archivos, publicaciones en internet, expertos a los que consultar. Nunca la pintura histórica había tenido tanto rigor como con él». El pintor asiente: «Me acerco con devoción para aprender, es mi enciclopedia, aquí están las respuestas a todo, si necesito un tratamiento de sombras, un tono, vengo aquí y lo encuentro».

Ferrer-Dalmau subraya que «muchos cuadros históricos se pintaron anacrónicamente mal, con uniformes de la época en que se pintó la obra, no los que tienen que ser. Nos encontramos que la información de muchos cuadros no es correcta desde la perspectiva actual, cuando tenemos medios para documentar todos los detalles. Lo que tenemos que hacer es fotografiar el pasado de la manera más documentada posible. Ese es el trabajo que tenemos por delante, ser lo más fidedignos posible».

La rendición

Caminamos sin dejar de comentar escenas como la muerte de Viriato. Antes los ropajes de las pinturas se elegían por aproximación. En ‘La rendición de Bailén’ de Casado del Alisal, ocurre lo mismo: «Percibimos la soledad del oficial francés que se rinde a Castaños en Bailén -resume Pérez-Reverte-. Cualquiera puede acercarse a esta imagen, la pintura facilita el acceso no solo al arte si no a la memoria. Una pintura contemporánea es interpretable y puede necesitar cierto conocimiento. Ante estos cuadros cualquiera puede entender, es muy generosa intelectualmente, nos impresiona a todos por igual, porque no es la pintura sólo sino lo que refleja, que puede ser la locura de Juana la Loca, la manera de afrontar la muerte de Torrijos y sus compañeros, la dureza del trabajo, cualquier tema».

Lentamente hemos ido caminando hacia Goya. Al entrar en la sala donde están los cuadros del 2 y el 3 de mayo de 1808, ambos muestran admiración. «Esto es un documento. Aquí no falla nada, ni los uniformes ni detalle alguno. Goya es modernísimo hasta en eso. Es la demostración palpable de que no está reñida la modernidad con la pintura de la historia. Era tan moderno que se salía del cuadro. Las lanzas y estos dos cuadros son de una modernidad apabullante. Son los pilares de la pintura histórica española».

Ya de salida Ferrer-Dalmau habla de su proyecto: «La historia de España es tan rica que puedes tener a docenas de artistas trabajando y no se agotaría ni repetiría nunca». Se paran ante el cuadro de Esquivel y Suárez de Urbina en el que están retratados los poetas románticos. El escritor comenta: «Me encanta, aquí está el romanticismo al completo». «También esto está dentro de la idea de la fundación -añade el pintor- no son solo batallas, pintar obras como estas requiere un gran cuidado al documentar los utensilios o la ropa. El taller será sobre todo un lugar para investigar. Podemos hacer obras colectivas de gran formato, o retratos de personajes que no se han pintado nunca», dice.

La Fundación Ferrer-Dalmau formará a jóvenes pintores

Todo empezó en Moscú, un 1 de mayo, cuando ambos visitaron el Taller Grekov. Allí hay un montón de artistas que sirven material histórico a instituciones o empresas y se mantiene gracias a que atienden encargos particulares y oficiales. La idea fue tratar de trasladar a España una iniciativa similar. La Fundación Ferrer-Dalmau (FFD) podrá formar a artistas jóvenes gracias a la cátedra que inaugurará en colaboración con la Universidad Antonio de Nebrija.

Entre los miembros del patronato figuran don Pedro de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, los Generales Fernando Alejandre y Antonio Esteban, y representantes de grupos empresariales cuyas aportaciones han hecho posible la iniciativa, entre ellas la citada universidad, el grupo Torre-Rioja, el Arquimea, Tecnesis 3000, Las Rosas y la Asociación de Escritores con la Historia, con su presidente, Chani Pérez Henares.

Así se formará el taller que trabajará en equipo para grandes formatos y atenderá encargos. Se impone un estilo figurativo clásico, que es el que precisa el género. El pintor aclara que no se trata sólo de enseñar pintura militar, por más que las batallas son parte de nuestra historia y tendrán una presencia primordial en la documentación de armas y vestimentas, pero «también se abordarán las exploraciones como la de Elcano y otros momentos importantes, de la historia parlamentaria o de la sociedad», subraya. La FFD «es una plataforma para formar a artistas de historia, porque yo tengo una fecha de caducidad», confiesa el pintor. «Quiero transmitir lo que sé, ayudar a jóvenes artistas. Es inmensa la temática. Yo mismo he ido a misiones del Ejército actuales y lo he plasmado en cuadros».

Pérez-Reverte recuerda que «los amigos le pedimos que no incluyera a políticos en la FFD, porque la contaminarían. Ha tenido el buen juicio de moverse en el ámbito privado. Será independiente, no estará sometida a los dimes y diretes, a los cambiantes recovecos, a los intereses bastardos a menudo de la clase política».

Autor del artículo: Jesús García Calero – 09.01.2022

Fuente: https://www.abc.es/cultura/abci-viaje-historia-espana-pinturas-prado-mano-perez-reverte-y-ferrer-dalmau-202201090110_video.html

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