Consta de 17 paneles que reproducen cuadros pintados por Dalmau

La guerra. Armas, cadáveres, destrucción, vencedores y derrotados. Cuando se habla de batallas se imagina un escenario específico, se visualiza un conjunto y se olvida que entre esos ganadores y perdedores hay personas concretas con unas vidas previas a esas contiendas. El artista Augusto Ferrer-Dalmau, conocido como el pintor de batallas, lo tiene muy presente a la hora de realizar sus cuadros: «Lo importante en mi pintura es el héroe anónimo. El soldado que ha ido a la guerra, ha muerto, ha desaparecido o ha perdido una pierna y del que nadie se acuerda». Esa apuesta lleva a sus obras a estar repletas de detalles que las dotan de un naturalismo extremo y una gran potencia narrativa.
El Museo Naval de Ferrol acoge hasta el 15 de septiembre la exposición temporal Imágenes de la Historia, una selección de 17 reproducciones de famosos cuadros del artista, doctor honoris causa y académico. Está organizada conjuntamente por el Museo Naval de Ferrol y la Fundación Arte e Historia Ferrer-Dalmau, que ha cedido esta colección para su exhibición en la ciudad.
1.304 años atrás. Allí viaja la obra de su colección que se remonta a un pasado más lejano, al 722, a la batalla de Covadonga. Ferrer-Dalmau refleja el dramatismo del combate entre Pelayo y un pequeño grupo de astures frente a un enemigo muy superior en número: «Un acto heroico de esperanza colectiva».
El pintor muestra algunos logros del ejército español a lo largo de los siglos. Triunfos militares como la batalla de las Navas de Tolosa, momento clave de la Reconquista cristiana, en el que simboliza el poder de la alianza de los reinos cristianos: «Destaca por la imponente carga a caballo de los tres reyes, transmite la tensión y violencia previas al choque del combate». Yendo más adelante en el tiempo, pintó la victoria contra los franceses en La Degollá, en 1809, en Cáceres, durante la Guerra de la Independencia. El artista busca transportar al espectador a la escena y dar protagonismo a héroes desconocidos: «En esta guerra fueron claves las acciones llevadas a cabo por pequeñas unidades del ejército frente a los invasores».
Pero el éxito no solo se mide en el campo de batalla. Otras obras muestran hechos históricos como el descubrimiento de América: «La figura de Colón, de pie en el agua, resalta la valentía y determinación de aquellos hombres». O la primera vuelta al mundo: «Una travesía que comenzó con unos 250 hombres, de los que solo retornaron 17 tres años después».
Dalmau no se limita a representar logros. Ha ilustrado algunas de las derrotas de España, como la batalla en Rocroi en 1643 durante la Guerra de los Treinta Años: «Los soldados muestran postura gallarda y valiente, que expresa la resignación a la derrota y el deseo de mantener el honor forjado en décadas de victorias».

También viaja a 1921, a la Guerra del Rif, donde un pequeño puesto militar queda rodeado por los rifeños. Catorce legionarios voluntarios acuden a rescatarlos. El autor refleja la dureza de la historia: «Finalmente, todos caen en combate».
Pero no todo es ganar y perder, la colección también pone en valor otros aspectos de la historia como la cooperación con otros países en cuadros como La patrulla, que muestra a soldados españoles en Afganistán colaborando con la OTAN. O, recuperando el pasado, el cuadro de Gálvez en América.
Desde el 722 hasta hoy ha pasado mucho tiempo. El ejército español ha cambiado su uniforme, sus escudos, banderas, armas… Pero Ferrer-Dalmau descubre con su colección que el miedo, el deber y la cooperación se mantienen intactos siglos después.
Autor del artículo: La voz de Galicia – 20.06.2026